Quiero recordar. Y esta es otra ilustración para recordar y, en parte, para quitar presión a los presionados.
Cuando éramos pequeños teníamos unos ángeles de la
guarda que se llamaban papá y mamá. No había ningún problema que ellos no
solucionasen. Para ellos todo era posible. Me acuerdo de cuando tenía 7 años,
entraba en una tienda y lo quería todo para mí. Mi madre me decía: ¡No tengo
dinero! Mi contestación…pues sácalo de la pared.
Porque antes todo era TAN fácil. Pero la madurez nos
llega a todos.
Madurar significa – V. Intr. Crecer y desarrollarse una persona en relación con sus condicionantes
hereditarios, el contexto social en el que vive y sus circunstancias personales.
La madurez
llega y sin avisar. Los condicionantes hereditarios dejan de ser superhéroes
para pasar a ser personas normales, de carne y hueso, que lloran, que se
equivocan y arrepienten. La pared se convierte en un cajero automático. Las
responsabilidades pesan y nos olvidamos de lo que queríamos hacer para emplear
el verbo ‘tener’ que hacer. Y un día sin saber cómo, la rutina es lo único que
tenemos, perdiendo así las pequeñas cosas mágicas que hacíamos para ponerle un
poco de sabor a la vida. Esos son los deportes en peligro de extinción; cosas
locas como saltar de baldosa en baldosa, meter partes del cuerpo en lugares en
los que claramente no caben… etc.
Pero,
tranquilos, seguiremos cantando en la ducha. Aunque seamos un poco más
aburridos que antes, seguimos teniendo nuestros momentos y eso ni nada ni nadie
nos lo puede quitar.
P.d.: Si ya no cantas en la ducha, empieza a hacerlo
otra vez. Cantar tiene beneficios comprobados
científicamente para la salud; tonifica los músculos, estimula la circulación,
fortalece el sistema inmunológico y producimos endorfinas que nos hacen sentir
mejor. Además si no cantas por el miedo a la tormenta del fin del mundo, relax,
en la ducha tu voz suena mejor. Debido a las paredes y humedad tu voz sonará
más potente y grave. Parece que no tenemos excusas.


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