Y con la primavera viene el último proyecto. El proyecto
final, el gordo. Tras un mal mes de marzo ya está finalmente todo decidido y
pensado. Un moleskine lleno de historias, novelas, viñetas y personajes que
salen de mi imaginación.
Pero quiero ir paso a paso y primero me enfrento a la
primera página en blanco.
Enfrentarse a la página en blanco es enfrentarse a la
sublimidad. Lanzarse en un segundo irracional, o no tal irracional al fin y al
cabo, a un infinito. A la infinita posibilidad. A un todo. Afrontar delante de
un papel tu pequeñez, tu fragilidad, tus faltas. Porque sólo delante de algo
sublime es cuando te das cuenta de tus faltas. No de tus errores, los errores
no son faltas, las faltas son carencias. La falta de imaginación, creatividad,
novedad, originalidad.. Tener miedo a lo nuevo. A lo nuevo que se sabe, que no
se sabe, que se quiere saber sin saber cómo y también, y ¿porqué no? a lo que
no se quiere saber en absoluto. Pero no nos demos latigazos tan pronto, no se
puede culpar uno mismo de sus faltas, al menos, no de todas ellas. Todos en
cierto momento sentimos este miedo. El miedo al: ¿Qué voy a hacer? Y
tranquilicémonos. Tener miedo es normal. Seamos conscientes que no es la
página, no es la originalidad, no es la imaginación, no es sobre nosotros. La
cosa no va para nada por ahí. El culpable es fracaso. Frente a la página en blanco te das cuenta de que te
enfrentas a la posibilidad de fracasar y no hay nada tan aterrador como
equivocarse frente al ‘mundo’.
Ahora me siento frente a mi página en blanco con una receta
de sentimientos que engrandece o empequeñece según cojo el boli. Los
ingredientes que llevo dentro son dos porciones de ilusión, otras dos de miedo
y una pequeñita de confianza. Pero el miedo va tomando terreno. Es la primera
página en blanco de mi proyecto final y confieso estar aterrada por el fracaso.
La primera página es el aviso. Yo os estoy avisando. Tengo miedo a equivocarme.
Y no hace falta tener un papel delante, hay mil situaciones que te acorralan.
Te ponen en una esquinita y esperan a que enseñes lo que tienes, que des el
salto. Pero en fin, como dijo Churchill “el éxito es aprender a ir de fracaso
en fracaso sin desesperarse”.
Equivocarse es normal. Equivocarse es bueno. Equivocarse es
reconocer que eres más sabio que ayer. También, y aunque odiaría equivocarme en
mi proyecto, es una posibilidad que hay que afrontar. Pero una posibilidad,
nada más ni nada menos. En fin, se me llena la boca, bueno los dedos, al dar
consejos y hablar sobre valentías. Darlos es lo más fácil del mundo,
seguirlos…no tanto. Espero cumplirlos yo misma. Voy a enfrentarme a mi página
en blanco y a ponerme manos a la obra.
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